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domingo, 1 de abril de 2012

Ya no.

Era muy de noche, apagué la computadora y con un suspiro caminé hacia el baño, me lavé los dientes de forma automática y me dirigí hacia mi cama.
Me dejé caer encima, sin fuerzas, intentando no llorar cerré fuertemente los ojos y me perdí...

De pronto estaba besando tus labios, acariciando tu cabello, abrazándome contra ti, tu acariciabas mi cuerpo, me sostenías con tus brazos, murmurabas en mis oídos, me decías te amo, reíamos...

Y de repente la luz cegaba mis ojos, estaba sobre mi cama, sola, abrazaba mis rodillas y mis ojos no se compadecían de mis mejillas acartonadas, más y más agua salada rodaba sin fin.

Solo podía tenerte en sueños ahora, sabes que tu vida se hizo una mierda cuando no quieres dormir para no soñar con esa persona, cuando rezas con dolor...por favor no quiero soñar con él otra noche más...

Lo tenía bastante claro, nunca jamás volverías a ser mío.

sábado, 10 de marzo de 2012

Sandía


Sandía, dulce alegoría...

Hoy comí sandía.

La sandía es deliciosa en tiempo de calor, más si está fría y la compartes con alguien riendo.

Empecé a pensar en eso mientras degustaba un trozo frío y un rostro me llegó a la mente: TÚ.

Tengo tanto sin saber de ti, pero no olvido aquel día en que juntos comimos sandía, ¡Dios! estaba tan fresca y dulce que apagó el rubor de nuestras mejillas avergonzadas, gozamos comiendo sandía, tanto, que entre tu y yo nos terminamos una mitad sin darnos cuenta, nos reíamos y nos mirábamos a los ojos destilando amor y frescura, esa frescura que tiene la primavera a pesar del calor...

Recuerdo como aprovechabamos esos deliciosos momentos de fuga tu y yo, solo riéndonos y pasándola bien, podíamos cantar y hablar como dos tontos, dar vueltas, gritar, era como una amistad mezclada con pasión, tal vez ese fue nuestro error...

-¡Ya basta!-gritó mi mente con fuerza, y un fuerte dolor se apoderó de mi cuerpo, fue como si me volviese a partir en mil pedazos de nuevo, esos pedazos como de florero roto, roto y pegado de nuevo, pero algo una vez roto ya nunca vuelve a ser igual...

Cuando menos vi, fragmentos de sandía se esparcían por toda la mesa y mi cara estaba mojada, mi cuerpo temblaba con la fuerza de mi llanto y yo no podía hacer nada...

Esa fue la última vez que pude llamar a tu hogar mi hogar, pues no volvería a estar en él jamás, ahí se quedaron mis sueños, el futuro y los gritos de mi anhelos. Ahí te quedaste tú.

Ya han pasado años desde que vi tus ojos por ultima vez, de que senti tu olor y el peso de tus abrazos que me reconfortaba dulcemente en mis momentos de dolor. ¿Cuanto tiempo dura el sufrir?

Si pudiese verte de nuevo, saber donde estás, solo te pediría una cosa, enséñame a olvidar.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Una canción.

Esa tarde te estaba escribiendo una canción.

Mi jardín daba sus últimos exhalos de vida, pues el otoño pronto se convertiría en invierno y todo moriría ahí. Aún no sé de quien fue la estúpida idea de plantar solo flores primaverales. Son hermosas, lo sé, pero su belleza es efímera tal como lo es de igual manera en las personas.

Y empiezo a hablar de personas, solo aparece una imagen. La tuya. Pues no he conocido a nadie más humano, alguien tan saturadamente humano que parece sueño, aún cuando nosotros inventamos la connotación de humano...

Pensaba en tu sonrisa, en tus manos y en como tu imagen en mi mente se coloreaba sepia, aún cuando hacía pocos días que te había visto.

Hacía unas semanas te había dado las partituras de la canción, tú tan ingenuo las tocaste en tu guitarra, las aprendiste sin saber que la canción era para tí. Ahora te escribía la letra, todos fluía tranquilamente, las ideas invadían mi mente y se filtraban por mis manos, se leía tan bien...

La terminé y me recosté mirando el cielo, ya pronto oscurecería.Tenía que verte en ese momento, necesitaba que la escucharas.

Decidí caminar a tu casa para cantártela al oído mientras tocabas tranquilamente, quería detener el tiempo de nuevo con tu mirada.

-"Fue a la avenida, ya tiene unas horas, si vas para allá quizás lo encuentres en el camino"- me dijo su madre al abrirme la puerta. Y me dirigí hacia allá.

Busqué a lo lejos tu figura, estaba sobre la avenida, del lado que solías regresar. Te vi en la otra acera, nunca podría confundir esa silueta tan única.

Volteaste a verme y me sonreíste, tus amigos se fueron al otro lado jugando entre ellos y tú me hiciste señas de que te esperara, pues ibas a cruzar.

Esperaste y te veía como un ángel, eras algo no terrenal, me sonreías y te sonreía.

De pronto un ruido fuerte, perdí la conciencia un momento, cuando volví en mí vi el auto volcado y tú acostado en el pavimento en una posición tan natural como si hubieras decidido tomar una siesta ahí, en medio de la avenida...

Mis pies me fallaron y como pude me acerqué a tí, estabas bajo un charco de sangre, y me veías asustado, empecé a llorar descontroladamente, eso no podía ser cierto, debía estar soñando. Era una pesadilla, ya deseaba despertar.

Hiciste un sonido con tu garganta, te desangrabas por el costado y aún así me sonreíste de una manera tambaleante me dijiste: "Todo irá bien, tranquila", en medio del shock te dije: "te escribí una canción". Mi voz se ahogaba por el llanto.
"Estoy seguro que es la más bella" dijiste y sentí como tus músculos se iban aflojando, me recorrió un sudor frío. "Tengo que pedir ayuda" dije empezándolo a soltar, "No, quédate conmigo, si he de morir quiero que sea en tus brazos", me quedé helada, "No vas a morir, espera" y dejé la hoja de la canción sobre su pecho preparándome para correr y tu mano ya casi sin fuerzas me detuvo, no pude moverme, abracé tu cuerpo y te miré a los ojos, se encontraron nuestras miradas un segundo, esos ojos tuyos que me gustaban tanto...Ya mirabas sin ver, las luces se reflejaban en tus ojos sin vida. Estreché tu cuerpo, ahora flácido entre mis brazos y antes de que pudiera hacer nada, todo se apagó.

lunes, 16 de enero de 2012

La nada.

Acostada en mi cama un fría mañana de otoño, abrí suavemente mis ojos, todo se miraba claro a través de mis retinas contraídas por la deslumbrante luz de la habitación. Todo estaba tan vacío. Mi cama parecía navegar en un mundo de claridad, ¿dónde estaba?. No vi mis muebles,no vi mis cuadros, mis paredes pintadas de color oliváceo tampoco estaban. Sólo estaba mi cama y yo sobre ella.

¿Por qué me encontraba ahí?, me sentía perdida, sola, grité mi nombre. Nada. De mi boca no salía ningún sonido, me exforcé más, podía sentir como articulaba cada letra formando una palabra, formando una oración, pero no salía nada, la nada absorbía el sonido de mi voz.

Contrariada agité las sábanas. Ningún sonido. Mi corazón empezó a palpitar aceleradamente, ún líquido frío recorría mi interior, muestra del terror puro que estaba sufriendo, golpeé el colchón de mi cama, emití un grito desgarrador el cuál no sonó, arañé los barrotes marfil que se encontraban a un lado mío y nada. Nada de nada.

Empecé a llorar, no emití sonido alguno solo las lágrimas recorrían mis mejillas, decidí cubrirme con las sábanas y esperar a que esta terrible situación acabara, llorando me quedé dormida; desperté en la misma cama, de neuvo intenté hacer ruido fallando de nuevo.

Pero esta vez había algo nuevo en la habitación.

Sobre los pies de mi cama se encontraba una cajita blanca y cuadrada, la tomé y la deslicé sobre mi regazo, tenía escrito algo en la tapa, y decía así: "Aún puedes escribir", dentro de la caja se encontraba un tubito de carbón compacto, negro azabache, era extraño., pues parecía tener luz propia y vida dentro de él.

Estaba tan distraída viéndolo maravillada que no noté que ya me encontraba en el suelo blanco. Mi cama había desaparecido, también la cajita, estaba yo sola tras esa blanca eternidad, ante esa "nada".

Empecé escribiendo en el suelo, puse frases de mis escritores favoritos, escribí un cuento, pasajes de mi vida, recuerdos, sueños, deseos, retazos de una novela que pasaba por mi mente, escribí lo que sentía, escribí con el corazón, perdí la noción del tiempo inclinada sobre la nada donde escribía, no me cansaba de escribir, vertí todo sobre la nada, mi esencia, mis sentimientos, mi alma, mis emociones y cuando no quedó nada más que escribir... me di cuenta que yo, yo, ya era la nada.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Sonrisa fatal.

Su sonrisa era misteriosa.

Era todo lo que sabía de él, nada de lo demás importaba. Sólo su sonrisa, su maldita sonrisa.

Subía al mismo vagón cada mañana con la mirada ausente y ojeras petroleras, su piel fría y blanca contrastaba con su vestimenta. Siempre de negro.

Serio, labios lisos como un lienzo sin pintar, era la total perdición. Al menos para mí.

La gente al parecer no lo veía o no le hacía caso, era alguien diferente su presencia era apenas perceptible, tranquilo como un número en una estadística de muertos, no destacaba. Sólo a mis ojos lo hacía.

Llegó el día, no aguantaba más lo miré a los ojos y sonrió, fue la primera vez que vi su sonrisa. Una perfecta sonrisa torcida, varonil e incitante, su fuerza obligó a que apartara la mirada y lo esquivara.

Seguían pasando los días, esquivaba todo de él, pero esa sonrisa ¡esa maligna sonrisa! Tenía que hablar con él, no era un capricho fue mi deseo del día a día, pero al momento lo esquivaba.

Me decidí. Antes de subir lo vi a los ojos, me sonrió de esa manera irresistible, caminé hacia él, se escuchaba el ruido del tren que llegaba, seguramente partiría sin nosotros pues no pensaba rechazar este encuentro. Estuve frente a él, le sonreí y todo se apagó.

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Despertando en la ciudad.
15 de julio de 2008.

Accidente fatal.

Alrededor de las 8:30 am se tienen registros de un suicidio aparatoso en el tren de la capital.
Los testigos informan que una chica de aproximadamente 19 años de edad cruzó las vías del tren al momento de que éste pasó. Lamentablemente no se pudo hacer nada y esta acción fue fatal para la chica quien fue arrollada por el tren que no alcanzó a frenar. Aún nadie reclama el cuerpo, autoridades no saben que hacer.

"No puedo creer, iba sonriendo tranquila como si estuviese viendo el cielo" nos informa una señora consternada, testigo del accidente fatal.

Aún nadie reclama el cuerpo, autoridades no saben que hacer. Seguremos informando.■

jueves, 24 de noviembre de 2011

La maté

Mis manos cubiertas de sangre, aún así caminé tranquila por esas calles...

Me incitaste, si, tú me incitaste a hacerlo.

La maté. Sí, lo admito, yo la maté. Y disfruté, aunque suene enfermo lo disfruté.

Disfruté ver sus ojos llenos de terror al verme blandir el cuchillo, disfruté escuchando sus lastimosas súplicas, disfruté el grito que soltó al saber que sus palabras no me persuadirían de tomar su cuello y matarla, su respiración desesperada. Sabía con certeza ahora al ver mis ojos que moriría, nunca se había visto tanta determinación.

Tomé su cara con una mano, se me empapó de sus asquerosas lágrimas de súplica, sabía que no lo merecía, pero ¿qué más daba? es lo único que me satisfacería.

Pasé mi cuchillo por su suave cara y lo deslicé hacia su cuello como si fuese una caricia. Una caricia mortal.

Sangre. Mis manos se llenaron de su sangre, estaba caliente como lo que esta vivo, su vida se escapaba con todo y su calor a través de su sangre, me empapé de ella con frenesí, dulce, dulce sangre, el grandioso sabor de la venganza.

Sus ojos miraban sin ver ahora, mi corazón gozó todo, gozó desde que la sangre empezó a brotar en chorros calientes hasta que se enfrió sobre mi cuerpo.

Mis manos llenas de su esencia, viendo como se escapaba lo último, pasé mis manos por su cuerpo inerte, chapoteé entre su sangre cual niña pequeña, bailé sobre el charco que se había formado en el suelo, gocé cual loca el sabor de la muerte.

Con su sangre pinté las paredes, el azulejo del baño, la derramé como desecho por todos lados. Me importaba poco lo que vendría después.

Dejé su cuerpo sobre la alfombra, aún con las manos atadas. Me fuí tranquila, la noche en la calle es deliciosa después de un crimen.

Sí, yo la maté, ahora lo admito frente a ti. Disfruté matarla, vaya que lo disfruté.

Y ¿sabes?, lo volvería a hacer.

martes, 22 de noviembre de 2011

Entrégame tu amor


Escucha atentamente, pues solo te lo pediré una vez.

Entrégame tu amor.

Entrégame tu mirada, entrégame tus caricias, entrégame tus besos, entrégame tu cuerpo, hazme dueña de lo que es tuyo.

Formemos lo antes individual como ahora lo nuestro, unámonos sin miedo, vivamos con pasión, aceleremos juntos nuestro corazón.

Deja que se unan mi aliento y tu respiración.

amémonos pasionalmente, que la juventud es fugaz, vivamos con fuerza nuestras vidas, pasemos más allá de los límites, dejémonos guiar por el loco amor que a nuestro corazón aviva y que a nuestra razón envenena.

¿Qué más da si la mente esta confundida? Si el corazón vive eso es lo que importa.

Te recuerdo por última vez mi petición.

Entrégame tu amor.

domingo, 9 de octubre de 2011

Recordando sueños.

>>No te vayas. Por favor, no te vayas<< Estas palabras resonaban en mi mente una fría mañana de diciembre. Había sido un sueño raro, bastante extraño. El hecho de poder recordarlo fue aún más increíble, desde mi infancia había dejado de recordar lo que soñaba, todos los días despertaba con la mente en blanco, sólo sentía el cansancio. Pero era verdad, había soñado: y estaba recordando. Soñé...

Claire estaba en una banca, en el parque donde siempre evitaba pasar, eso era extraño. Pero yo la había citado ahí, por alguna razón lo sabía, la cité en el lugar que ella evitaba, lo había hecho con una razón especial.

Cuando yo llegué, Claire me miraba con ojos tristes, su mirada era extraña. Se revolvía incómoda sin moverse, sus ojos me decían que deseaba poder irse de ahí, detestaba ese lugar.

A mi no me importó, le sonreí con una sonrisa seca, vacía, ella..., ella se limitó a mirarme fijamente.

Me senté a su lado y transcurrió tiempo sin que ninguno de los dos se animara a hablar, en la percepción de mi sueño calculo que pudieron haber sido alrededor de 2 horas.

Ella resopló y me pasó su mano tibia sobre la rodilla, alzó sus ojos grises hacia mí y suavemente apretó en señal de que ya estaba lista para escuchar, sí estaba lista, para lo que fuese.

Tomé aire y me mojé los labios. - Esto ya no puede seguir, lo sabes - lo decía yo, pero no lo decía yo. Sabía que yo lo estaba diciendo porque veía a Claire frente a mí, con sus suaves ojos grises a punto de soltar una lágrima. Pero no era yo, pues era la voz de Claire la que decía esas palabras.

- Ecucho lo que dices, pero no te entiendo - dijo Claire, dije yo. Confusión entre la persona que hablaba y la voz que se escuchaba.

- No entiendas, olvida todo, olvídame a mí, no me verás más - La misma confusión. Yo lo decía Claire hablaba.

Me levanté y sin voltear atrás empecé a caminar, no deseba verla (verme) llorar, apresuré el paso mordiéndo mis labios.

Entonces fué cuando pasó.

Claire (yo) dijo: - No te vayas. Por favor, no te vayas-. Eco que resonó hasta que desperté.

domingo, 28 de agosto de 2011

¿Lágrimas?

Dolor, el sentimiento era dolor, no podía ser más que dolor pues lastimaba el sentirlo; así es el dolor.

Reacción automática al dolor son las lágrimas, no importa de que dolor se trate, ellas aparecen cuando éste existe.

Y si, ella lo sabía, sentía dolor y por eso lloraba, lo quería evitar pero...¿Cómo negar los sentimientos si son tan visibles en los ojos? La boca niega, los ojos asienten.

Y a causa del dolor lloró, larga e irremediablemente. Lloró aunque no quería, pero... ¿qué importa el querer si el sentir gana siempre?. Tirada en su cama lloró; 1, 2, 3,... horas incontables; pues en la noche las horas no se cuentan. Nadie la escuchó. Nadie.

Llegó el momento de la calma, el dolor aún seguía punzando. Las lágrimas son reacción al dolor, pero no su cura, nunca lo son, son inútiles y vergonzosas, pues ellas demuestran debilidad, son simplemente una manera poética y estúpida de sentirse más ligero.

Y a pesar de ello ¿Quién puede evitarlas cuando ellas luchan por salir? Puedes contenerlas, pero nunca para siempre, es una reacción tan natural como el respirar.

Y ella respiraba entre lágrimas, supo que era dolor lo que sentía, solo dolor.

lunes, 15 de agosto de 2011

Una disculpa

Quiero avanzar contigo día a día,
aprender cada vez más de ti, poder hacerte feliz,
quiero que te sientas bien conmigo,
quiero que estes a mi ladito,
crear un mundo que solo sea de los dos
donde la pieza central sea el mutuo amor.

Gabriel, Te amo
eres lo más bonito que tengo en mi vida
disculpa en serio si a veces no lo he demostrado
mucho, pero cada vez iré mejorando más y más,
iremos avanzando juntos y aprendiendo todos los días
cosas nuevas.

Cada día descubro que mi amor va creciendo,
que cada vez amo más lo que eres
amo tu ser, todo lo que me dices,
tus actitudes, tus personalidades.

Me encanta cuando me cuentas de ti,
lo que te gusta, tus intereses,
tus experiencias, tus anécdotas.
Adoro saber de ti.

Cada día te quiero conocer más,
poder entregarte mi ser, mi amor,
darte todo lo mejor de mi,
por ti, por ti sere todo.

sábado, 2 de julio de 2011

No lo puedo creer.

Todo empezó (terminó) con una charla así:

A veces trato de explicarte cosas que tú nunca entenderás la profundidad del mar quizas, pero tu no tienes idea, no lo sabes y te lo intento explicar, día a día, hora a hora y tu solo te confundes más, no sabes, no tienes esa capacidad. Tu mente es cerrada, no entiendes mis razones, pero lo peor es que no las tratas de entender, dices que sí, pero mientes, te apegas a tu forma de ser, eres cuadrado, insípido, metódico, opuesto a mi, me haces sentir triste cuando estoy feliz, tú no eres para mi.

No me entendías, no podías creer lo que te estaba diciendo, te quedaste callado. Tu silenció me hirió, no te defendías. Lloré.

Intentaste enjugar mis lágrimas, esquivé tu mano, me miraste decepcionado.

Deja de verme así, sabes que no tienes nada que decir, alejate de mí, huye, escóndete, no te quiero volver a ver.

Me miraste desconcertado, con esa mirada de odio que tanto me lastimaba y me irritaba. Tú me irritabas, empecé a sentir odio por ti. NO me pude contener.

Te disparé, caiste muerto cual mosquito contra insecticida, tus ojos miraban sin ver y yo. Y yo ya no sabía que hacer.

lunes, 13 de junio de 2011

Deseos de estrella



Una estrella cayó del cielo, tú me preguntaste su significado.

-No lo sé, ni lo sabré, las estrellas no tienen significado, simplemente caen y ya-dije tranquilamente.

Quedaste insatisfecho, lo pude notar en tu manera de revolverte incómodo, sin lograr una posición que te agradara. Seguramente me aguardaba una pregunta más. Sin demorar llegó.

-¿Crees que los deseos se cumplen?- me miraste soñador.

-Con desearlos no basta, algo se tiene que hacer-. Seguiste inconforme.

-¿Y si es algo imposible?- tu voz tembló.

- Lo imposible, imposible será-.

Tu expresión cambió gravemente, empezaste a mirar sin mirar, ya no mirabas las estrellas, ahora veías la profundidad. Ahora me tocaba a mí preguntar.

-¿Tienes un deseo imposible? ¿O se puede lograr?- susurrando lo dije, no quería sacarte bruscamente de tu cavilación.

-¿Cómo saber si algo es imposible si no se ha podido tocar?-.

-¿Crees en algo intangible?-. Te ibas a otros extremos.

-Lleno de eso esta el mundo, muchos creen sin ver-.

Quede muda, me sorprendiste.

-Los sentimientos son algo intangible, no se pueden tocar, pero todos creen en ellos. ¿Es acaso algo racional?- preguntaste ahora, me mirabas a los ojos, como si en ellos se encontrara la respuesta. La busqueda de algo irracional con otro método inusual.

-Cuando se habla de sentimientos, se siente con el corazón, la razón sobra-.

Senti tu mirada extrañada, desconcertado en verdad estabas.

-¿Existe el amor?-. (La pregunta que zanjaba la discusión)

Tomé tu mano, estaba fría.

-Tal vez sí, tal vez no-.